
Cuál sería aquella canción que, cuando más jóvenes, podíamos entonar hasta el cansancio, so pena de que nuestros progenitores nos amenazaran con llevarnos a un internado si seguíamos "berreando por toda la casa". Es una pregunta que lleva doble filo, pues es cierto que el gusto sensorial que denota una cierta tonada genera esa explosión de sueños de "rockstar", pero al mismo tiempo, también lleva una fuerte carga de impresiones intuitivas que van formando nuestra psique y hasta personalidad posterior.
En mi caso, fueron muchas. Los Beatles, Led Zeppellin, Joaquin Sabina... hasta Pedro Infante. Sin embargo, puedo decir que fue Leonard Cohen quien, conceptualmente hablando reblandeció mis amígdalas hasta el punto de sentir que se está escuchando a un igual, a alguien que ha hurgado en nuestros sentimientos más profundos. Específicamente, fue la canción "The Future", la que sembró en mí una inquietud muy grande, pues sentí que me hablaban desde lo más profundo de mi cabeza, ya que cada verso, cada estrofa, resultaba más inquietante que la anterior. Era como si, por medio de las palabras, Míster Cohen supiera descifrar los sentimientos más profundos de la raza humana. Y resultaron ser muy inquietantes, por cierto. Nada alentador hay en el futuro. Todo es negro. Para muestra aquí les va un botón:
Give me back my broken night
my mirrored room, my secret life
it's lonely here,
there's no one left to torture
Give me absolute control
over every living soul
And lie beside me, baby,
that's an order!
Give me crack and anal sex
Take the only tree that's left
and stuff it up the hole
in your culture
Give me back the Berlin wall
give me Stalin and St Paul
I've seen the future, brother:
it is murder.
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