
Este fin de semana vi la película
Irina Palm, que en español se llamó "Una mujer sin pudor". Título tremendamente idiota si se analiza bien la película. Irina es una viuda que llega a la sexta década de su vida. Tiene un hijo que es un pusilánime y una nuera insoportable. Para rematar este cuadro, su nieto e hijo de este par de trácalas, está afectado por una enfermedad mortal, augurio que presagia al pequeño sólo unas cuantas semanas de vida.
La vida no es fácil para Irina, pues su hijo es un huevón de primera y, a pesar de lamentar la noticia de que su niño morirá inexorablemente si no se le atiende con un tratamiento especial en Australia, se lamenta de no tener el dinero suficiente para hacer el largo viaje hasta Oceanía. pero aquí es donde "Super Irina" sale al rescate... y de la manera más inusual en una mujer de clase media con nula preparación académica y que ha sido una ama de casa toda su vida: decide
emplearse como hostess de un sexibar londinense, actividad que le exige "ayudar" a los clientes urgidos por el efluvio etílico y la cachondez femenino del lugar con una rica y deliciosa chaira.
Aparentemente esta película es una comedia sin mayor pretensión, pero la actuación de Marianne Faithfull (otrora objeto del deseo de los Rolling Stones sesenteros y ex adicta a las drogas duras) logra que el tono de la película adquiriera ricos matices, hasta convertirla en una tragicomedia entrañable. La película tiene un estilo cinematográfico de encuadres cerrados, llamando la atención principalmente el rostro de Irina, que en todo momento revela lo que va sintiendo ante las situaciones presentadas a lo largo del filme.
La moraleja de la película es clara pero se nos presenta sin mayor afán aleccionador, mas que con el sincero deseo de ejemplificar lo que una buena madre podría hacer por ella misma de liberarse de las ataduras convencionales de la sociedad tradicionalista.
Vale la pena.